Hay que aclarar que me refiero al alumbrado público eléctrico, pues desde 1851 Medellín ya tenía alumbrado público con lámparas de grasa y en horario restringido, la luna aún era muy importante pues en las noches de luna llena no se encendían las lámparas y se le dejaba a ella el trabajo de iluminar a la ciudad.

En Medellín la gente alumbraba las noches con velas y lámparas de petróleo o gasolina, cosa que percibieron como atraso los señores que viajaban con frecuencia a Estados Unidos y a Europa y habían conocido la iluminación eléctrica de ciudades como Nueva York y Paris. Así fue que se inició un largo camino para traer esa tecnología a la Bella Villa. El asunto era algo complicado por las dificultades que implicaría transportar las bases de los dínamos y otros aparatos necesarios por los caminos de herradura de entonces.

La propuesta llegó al concejo y poco a poco empezaron a analizar los detalles de una obra tan importante. Se trató por ejemplo el costo que tendría para los usuarios, el valor de las bujías conveniente, si las de cuatro o cinco centavos, los horarios de servicio nocturnos y el corte del alumbrado en noches de luna.

Poco a poco idea marchaba pero no sin cierto escepticismo, dados los pobres resultados de las empresas de alumbrado de Bogotá y Barranquilla.

El 7 de febrero de 1895 se le dio prioridad al proyecto y ese mismo mes se creó la «Compañía de Instalaciones Eléctricas del Distrito de Medellín», ahora era una obra sin reversa, tanto así que pronto se compraron varias máquinas a la Pelton – Water Weel y siete generadores General Electric, para obtener inicialmente 250 kilovatios, así: tres de de 50Kw AC (Corriente alterna) y cuatro de 25Kw CC (Corriente continua). El costo total de esta planta fue de $350.000 para encender 150 lámparas de alumbrado público y 2.500 luces incandescentes particulares contratadas por 280 suscriptores.

Esa planta aprovechaba el caudal de la quebrada Santa Elena y sus afluentes La Castro y la Santa Lucía  en el paraje Las Perlas, sector del barrio La Toma.

Las máquinas tras un largo viaje en barco desde Nueva York recorrieron tramos en tren, carros de bestias y hasta hombres reclutados de la cárcel. Se inauguró la casa de máquinas de la naciente empresa bajo la dirección de Don Marceliano Vélez.

La casa Pelton – Water Weel envió para que hiciera el montaje hidráulico a Charles Grooel, mientras que la General Electric mandó a José María Zapata, un ingeniero eléctrico español para el montaje eléctrico.

Antes que Medellín ya se habían hecho intentos de iluminación en Colombia en las ciudades de Bogotá (1890) y Panamá (1889), recordemos que entonces Panamá formaba parte de Colombia y su separación ocurriría más adelante, el 3 de noviembre de 1903.

Fue en 1895 cuando las bombillas brillaron por primera vez en Medellín, no como alumbrado público sino como servicio para algunos ciudadanos privilegiados y gracias a la creación de la Compañía antioqueña de instalaciones eléctricas, empresa  mixta con capital público, departamento, municipio, y privado, todos con una tercera parte de participación.

Con la crisis económica de comienzos del siglo XX, luego de la guerra de los mil días, la compañía pasó a manos de la familia Echavarría, fundadora de la textilera Coltejer en 1907. Esta empresa llegó a consumir hasta el 48% de la energía generada. Este hecho  generó protestas callejeras y acalorados debates en el concejo. En el sitio que ocupaba Coltejer en el sector de la Plaza de Flórez se construyó una unidad residencial llamada Villas del Telar.

Como la demanda de electricidad creció tanto a pesar de las continuas adiciones de máquinas, el municipio quedó con la empresa el 18 de octubre de 1918, entre otras cosas para atender el sistema de tranvía eléctrico. El 20 de julio de 1921 se inauguró la planta de piedras blancas con dos máquinas de 500 Kw e igual se reemplazaron las máquinas de la quebrada Santa Elena por una nueva planta de 500KW.

Ahora retomemos el tema. Se fijó el día de la inauguración del alumbrado público para el día siete de julio de 1898 a las siete de la noche. Como era de esperarse comenzaron a llegar a Medellín personas de muchos municipios cercanos y lejanos.

SE ILUMINA MEDELLÍN

Y como se planeó se hizo, el 7 de julio de 1898 se prendieron las primeras 150 bombillas de arco en el parque de Berrio, no es difícil imaginar como sería la curiosidad y la aglomeración que esto produjo, todo el parque y sus calles adyacentes eran un hervidero de gente, en la que había ancianos y niños. seguramente las principales autoridades, civiles, militares y eclesiásticas estuvieron en una tarima de honor, acompañadas de prominentes  hombres de la industria y el comercio. Aunque ni lo vi, ni me consta ni me lo han contado ni he leído, los voladores y la pirotecnia no debieron faltar, igualmente seguro estuvo alguna banda musical animando la fiesta. Sobre el jolgorio y el exceso de licor el día de esta celebración, como cosa rara, si hay reseñas muy serias. El encargado de esta instalación fue el ingeniero José María Zapata, del que se narrará mas adelante una graciosa anécdota.

Casualmente esa noche brillaba sobre Medellín una luna esplendorosa que iluminaba a toda concurrencia, después de los acostumbrados y aburridos discursos se se fue llegando el momento: 10-9-8-7-5-4-3-2. La multitud gritaba el conteo a todo pulmón… 1- 0…

Y se hizo la luz, y las tinieblas se separaron de ella. Todos quedaron boquiabiertos, estaban contemplando la octava maravilla de mundo, era increíble que de aquellas esferas de vidrio surgiera tan luminoso portento, estaban mudos extasiados, casi me siento allí transportado por mi imaginación, viendo tal maravilla.

Fuente: retazosdelavida.blogspot.com